El estado opresor yugoslavo

 

Oscuros prolegómenos

 

Toda política no realista procede de una ideología. La ideología por la que se dejó llevar la mayoría de los políticos occidentales a la vista de la agresión de Belgrado sobre Eslovenia y Croacia fue la de que Yugoslavia puede y debe continuar existiendo.

Esta idea no tenía ningún sustrato real en tanto en cuanto con ella se creía en un estado yugoslavo que poseyera una autoridad central, con gobierno, ejército, policía y diplomacia. La mayoría de los pueblos tenía demasiadas malas experiencias tras de sí con el estado de Belgrado como para querer soportarlo por más tiempo. Su miseria yugoslava no empezó sólo bajo el comunismo sino ya en la monarquía. El Reino de los serbios, croatas y eslovenos, como se llamaba Yugoslavia hasta 1929, era de antemano una malformación. Dos culturas y civilizaciones, extrañas la una para la otra, dos ideas distintas de juridicidad y justicia, de poder estatal y libertad chocaron antes de poder siquiera aproximarse. Desde que el español Teodosio, emperador romano en Constantinopla, dividió su imperio a finales del siglo IV en occidental y oriental, corre a través de lo que hoy es geográficamente Yugoslavia una frontera cultural. Al imperio occidental pertenecían entre otras la actual Croacia y Eslovenia. Serbia y Montenegro pertenecían al imperio oriental. La división de la Iglesia en 1054, allí ortodoxia, aquí catolicismo, seguía a esta línea de separación. Política, cultura, mentalidad, se separaban cada vez más.

Las diferencias se agudizaron desde la penetración de los turcos en Europa central. serbios y montenegrinos estuvieron medio siglo sometidos a los otomanos. A los croatas y eslovenos se les ahorró tal destino. En la nación serbia han quedado grabados profundamente modelos de comportamiento que proceden, por una parte, de los duros señores turcos y, por otra, del tipo de resistencia serbia contra el dominio turco, determinado por las difíciles circunstancias. Croatas y eslovenos fueron tocados por todo eso como máximo de refilón.

Fue un error atar en un estado a pueblos con tradiciones y mentalidades tan diferentes. Pero, ¿por qué llegaron a este acuerdo los pueblos después de la primera guerra mundial? Los serbios se imaginaron el nuevo estado eslavo del sur como una gran Serbia. A toda nación le atrae ser una gran potencia. Los croatas en 1918 se sentían débiles y amenazados. Habían luchado en el campo de las potencias centrales y estaban ahora en el lado de los perdedores. La única salvación que veía la mayoría de sus jefes era la unión con el vencedor de la guerra, Serbia. Sobre ello repercutían los sueños paneslavos y, como manifestación de ellos, también yugoslavos, del siglo XIX. A los eslovenos les pasó algo parecido. Se sentían un pequeño pueblo en peligro de ser arrollados por los mundos culturales vecinos, alemanes e italianos, y buscaron igualmente su salvación en una comunidad eslava.

Lo que se pensaba en Croacia y en Eslovenia como asociación se convirtió en la manos dominantes serbias en una incorporación. La primera yugoslavia monárquica fue un estado panserbio que oprimió a las otras naciones. En el caso del grupo étnico albanés en el sur llegó incluso hasta una persecución genocida. Y este estado sometió a todos sus súbditos a un régimen cruel. Políticos serbios de los territorios croatas de la desaparecida Austria-Hungría, que habían propugnado la unión con Belgrado en 1918, estaban aterrorizados por lo brutalmente que se actuó en las comisarías de policía y en las prisiones. No se habían imaginado que el nuevo estado fuera así.

Nadie pudo asombrarse de que bajo el golpe de la agresión alemana en 1941 se derrumbara como un castillo de naipes. Bajo el régimen comunista, que se asentó ya durante la guerra, el mal fue todavía mayor. Tito fundamentó su dominio en acciones de exterminio humano -sobre todo contra croatas, albaneses y eslovenos-, para las que utilizó a los serbios, que mientras tanto también debían sufrir bajo el comunismo. Pero las cosas no cambiaron mucho cuando un decenio después de la muerte de Tito, Eslovenia y Croacia se liberaron del comunismo. La Serbia comunista, con su Ejército Popular Yugoslavo, intentó mantener a ambas en una Yugoslavia panserbia. Lo que está ocurriendo ahora en Yugoslavia es la consecuencia necesaria de estos largos y oscuros prolegómenos.

¿Quién puede seriamente pensar que eslovenos y croatas fueran a querer seguir viviendo un sólo día más en un estado yugoslavo? Pero también los albaneses en el campo del mirlo, los musulmanes en Bosnia, los húngaros en Voivodina, los macedonios totalmente al sur, están sufriendo en el estado granserbio de Belgrado hasta el extremo, por qué este no seguirá existiendo.

Los gobiernos demócratas de Croacia y Eslovenia no querían la separación total. Se les podía haber ganado para la transformación de Yugoslavia en una confederación de estados independientes fundada en el derecho internacional. A la mayoría de los croatas y eslovenos eso les parecía ir demasiado lejos, pero quizá ambos gobiernos hubieran podido ganar a sus pueblos al menos para tal comunidad. Sin embargo, Belgrado no quiso saber nada de ello e insistió en lo antiguo. Después de la guerra contra Eslovenia y Croacia ya no es posible ni siquiera una confederación. ¿Se hubiera unido la nación polaca en septiembre de 1939 voluntariamente con Alemania en una federación?

29 de junio de 1991.

 

El enemigo dentro

El Ejército Popular Yugoslavo

Los militares yugoslavos, que prestaron una contribución tan grande como los dirigentes políticos de la república de Serbia a la rápida desintegración del estado multinacional, tampoco habían hecho en tiempos anteriores grandes méritos por Yugoslavia. El ejército de partisanos de Tito, del que proviene este ejército, ya había matado en la segunda guerra mundial más civiles indefensos de la población que ocupantes armados. Después del fin de la guerra realizó acciones de asesinatos genocidas gigantescas, sobre todo contra el pueblo croata y el esloveno, así como contra las minorías alemana y albanesa. Se puede suponer que después de la ruptura entre Stalin y Tito en 1948 el ejército habría defendido al estado contra un ataque soviético. Pero la Unión Soviética tendría que temer entonces una resistencia de largos años por parte de los pueblos de Yugoslavia.

Ya a mediados de los años cincuenta no podía considerarse al Ejército Yugoslavo como protector frente al poder soviético. Junto con su comandante en jefe, Tito, volvió la cara otra vez hacia Moscú. Cuando en 1968 tropas del Pacto de Varsovia ocuparon Checoslovaquia, con lo que también Yugoslavia parecía amenazada durante un tiempo, sus divisiones se encontraban en el noroeste, como si hubieran de defenderse de un ataque de la OTAN. La frontera hacia el este estuvo casi desprotegida. Así lo quiso Tito y así lo querían también los generales.

Hasta ahora, el Ejército Popular sólo ha sido efectivo en política interior. Con el ejército movilizado a sus espaldas destruyó Tito a finales de 1971 el movimiento reformista croata. El Ejército Popular hubiera ejecutado de buena gana el baño de sangre con que Tito amenazó entonces a los comunistas reformistas croatas, obligando a la dimisión de sus jefes. Hace ya tiempo que Yugoslavia no tiene que temer ataques desde fuera. Sobre lo que es capaz de hacer el ejército en el interior hay diversidad de opiniones. Está fuera de duda que en el Ejército Popular existen profundas fisuras nacionales y políticas. Los oficiales son predominantemente serbios de filiación panserbia y comunista. Los reclutas proceden de todos los pueblos: croatas, albaneses y húngaros, macedonios y musulmanes bosníacos. Todos ellos no quieren saber nada del panserbismo y del comunismo.

Sin embargo, los dirigentes del ejército intentan transformarlo. Los eslovenos ya no son llamados a filas; los albaneses, en pequeña medida. Por otra parte, los generales crean grandes unidades compuestas sólo por serbios. Los reclutas albaneses que se hallan acantonados en Croacia se quejan de malos tratos ante los compañeros de charla con los que tienen confianza. Desde el punto de vista serbio, no se confía en ellos en caso de guerra civil. Así, el ejército ha comenzado a reunir y aislar a los soldados albaneses. Igualmente ha trasladado a los reclutas croatas cada vez más hacia el interior de Serbia, donde se hallan aislados. Los oficiales croatas que sirven en el Ejército Popular Yugoslavo en el suelo de su república patria se acercan en creciente número a las autoridades croatas y les piden consejo ante el tratamiento discriminatorio al que están expuestos por sus superiores serbios. El Ejército Popular Yugoslavo es una fuerza armada serbia que sólo puede apoyarse en los pueblos serbio y montenegrino. Hay que esperar para ver hasta qué punto la lenta erosión del comunismo también en Serbia y Montenegro podrá destruir esta base.

Este presunto Ejército Popular es el señor de la industria de armamento en Yugoslavia. Sólo él determina, por ejemplo, lo que sucede con los carros de combate montados en una fábrica en Croacia. La república de Eslovenia es la única que ha quitado sustraído al dominio del Ejército Popular Yugoslavo los lugares de producción de armamento situados en su suelo. Desde hace decenios, se suministra parte de las armas fabricadas en Yugoslavia a regímenes antiimperialistas, socialistas y otros antioccidentales. También el ejército iraquí ha obtenido armas de Yugoslavia. Se cree que el Ejército Popular ha formado en gran cantidad soldados iraquíes. El Ejército Popular recibe el dinero de la caja de la federación, alimentada por todas las repúblicas. Sin embargo, en el último año, Eslovenia y Croacia han reducido a un tercio su contribución para el Ejército Popular. Si siguen contribuyendo a los gastos de personal es sólo para que el cuerpo de oficiales serbios no se les abalance presa de miedo existencial y pánico agresivo. Ya no siguen contribuyendo a los costes de construcciones, compra de armamento, desarrollo de armas y maniobras. Hoy al ejército le cuesta esfuerzo pagar a tiempo los sueldos de sus oficiales.

Si Croacia y Eslovenia como estados independientes dejan de dar dinero al Ejército Popular, otras repúblicas lo imitarán. Serbia, en bancarrota económica, no podrá ocuparse de todos los gastos. Por tanto, la falta de dinero podría hacer descender en un tiempo previsible al Ejército Popular hasta unos efectivos mínimos a no ser que los países occidentales subvencionaran nuevamente al estado yugoslavo que se está desintegrando.

1 de marzo de 1991.

 

Con todos los medios de la violencia

La estrategia serbia

Algunos políticos hablan de una crisis en Yugoslavia. ¡Qué palabra tan falsa! Como si allí todo fueran confusiones políticas, violentos conflictos y problemas difícilmente superables, y nada más que eso. Mientras tanto, sin embargo, constantemente mueren hombres. Es más realista hablar de una guerra. Las unidades de chetniks panserbias, junto con el Ejército Popular Yugoslavo, han devastado Croacia con su guerra.

Toda guerra es sangrienta. La que ahora se lleva a cabo contra los croatas supera con mucho lo que puede o debe tolerarse en las actuaciones militares según las normas del derecho y de la moral. Sobre todo los chetniks panserbios cometen premeditadamente crueldades bestiales. También el Ejército Popular Yugoslavo panserbio viola las reglas elementales que deben respetarse en una guerra con un mínimo de humanidad. El que tenga o quiera tener conocimiento de esto dejará de hablar de una crisis en Yugoslavia. En él se revolverá algo incluso contra el llamar guerra a lo que allí sucede.

Nueve policías croatas que habían caído en el pueblo croata de Struga en manos de los chetniks serbios, fueron encontrados después con las gargantas seccionadas. Los nueve cadáveres presentaban además señales de tortura. También en Struga, según informes fidedignos, los chetniks serbios utilizaron tres docenas de civiles croatas como escudos en la lucha contra la policía croata. Algunos que se resistieron fueron fusilados inmediatamente. En Eslavonia, el Ejército Popular impidió, durante cinco horas, que un vehículo de salvamento llegara hasta unos croatas heridos. Desde un cuartel en la ciudad eslavona de Osijek, el Ejército Popular Yugoslavo disparó, en junio de 1991, contra la sección infantil del hospital de la ciudad. El Ejército Popular había violado las reglas humanitarias mínimas en su golpe de violencia contra Eslovenia. Se encontraron armas químicas en carros de combate destruidos del Ejército Popular. Helicópteros con la cruz roja transportaban soldados armados.

En la Krajina, los chetniks violaron a la hija de un serbio que quiso mantenerse al margen del ataque terrorista contra los croatas. En Voivodina, que pertenece a Serbia y es ajena a los combates porque Croacia sólo se ha defendido en su territorio, un chetnik violó públicamente a una joven croata. Sus compañeros de lucha apagaron en la joven sus cigarrillos encendidos. La noticia de este acto de crueldad llegó a Zagreb a finales de julio.

Tampoco hay guerra en el Campo del Mirlo subyugoslavo (el Kosovo), que la república de Serbia ha incorporado y sometido por la fuerza. Pero allí Serbia reprime desde hace muchos años a los albaneses con la misma crueldad de que hacen gala las unidades serbias en Croacia. A quien haya observado en los últimos años lo que pasa en el Campo del Mirlo, no le pueden sorprender las brutalidades de los chetniks y del Ejército Popular Yugoslavo en Croacia.

Algunos ejemplos del Kosovo: En el otoño de 1990, se presentó la policía serbia ante hospitales para impedir que en las manifestaciones de protesta fueran atendido los albaneses heridos por la policía serbia. Un herido albanés fue retirado por la policía serbia de la mesa de operaciones. En mayo de 1990, policías serbios hirieron a un joven albanés con patadas en la cara. Después expulsaron al médico de la ambulancia porque quería coser las heridas él mismo. En el otoño, la policía serbia cegó a un pequeño albanés. Una chica subnormal albanesa de diez años fue golpeada hasta perder el conocimiento por policías serbios. En los años 1989 y 1990, en el Campo del Mirlo, fueron muertos 71 albaneses a manos de la policía serbia o por las torturas a que les sometieron. Miles de escolares albaneses fueron envenenados gravemente el año pasado con un método todavía no investigado.

Así es la fuerza panserbia de la que se debe defender ahora Croacia. Todos los que en un lugar seguro de un país occiental exigen a los croatas que se preparen para seguir conviviendo con la nación serbia deberían tener esto delante de sus ojos.

5 de agosto de 1991.

 

Conflictos del futuro

La posibilidad de una Yugoslavia nuclear dirigida por Serbia

Con todas sus fuerzas, los panserbios quieren mantener unida a Yugoslavia, que ofrece un amplio campo a sus pretensiones de dominio. Algunos de ellos, generales del Ejército Popular Yugoslavo, políticos dirigentes comunistas de las repúblicas de Serbia y Macedonia, sobre todo, siguen hoy empeñados en ello. Quizá el Ejército Popular someta a Eslovenia y Croacia en una segunda campaña mejor preparada y les obligue a reincorporarse al estado yugoslavo.

Sin embargo, incluso aunque se llegara a tal acción, y aunque incluso tuviera éxito militarmente hablando, no habría éxito político, puesto que eslovenos y croatas no querrán vivir, incluso menos entonces que ahora, en un estado en el que Serbia dicte y mande. Ambos pueblos, y probablemente también los macedonios en el sur, ya no pueden ser ganados para Yugoslavia, ni con violencia ni tampoco con promesas. Esto lo ven cada vez más claro las gentes que tienen el poder en el campo serbio.

Éstas buscan la forma de mantener al menos una Yugoslavia nuclear dirigida por Serbia, formada por las repúblicas de Serbia, incluídas las provincias ex autónomas de Voivodina y Kosovo, absorvidas y uniformizadas, Montenegro y Bosnia-Hercegovina. Tal estado comprendería tres repúblicas en las que los serbios viven como mayoría o como comunidad minoritaria. Ciertamente, sería mucho más pobre que la opresiva federación yugoslava que se desintegra, pues no podría aprovecharse de la infraestructura y actividad económica de Eslovenia y Croacia. Sin embargo, Serbia, algo retrasada en cuanto a civilización, podría mantenerse posiblemente por un largo período en condiciones materiales sencillas al menos en sus amplias regiones rurales.

Ahora ya está claro que Serbia sólo podrá ganar para tal resto Yugoslavia residual a la república de Montenegro, cuyos habitantes son serbios, tanto étnica como culturalmente, y luchan con celo por los objetivos del nacionalismo panserbio. Bosnia y Hercegovina, con la que igualmente cuentan los dirigentes serbios, no participará en ella. En esta república sólo puede contar Belgrado con el grupo étnico serbio, aproximadamente una tercera parte de los habitantes. El grupo croata, 18%, no quiere nada con una Yugoslavia panserbia.

Tampoco el grupo más fuerte -los musulmanes bosníacos, que son un 40%-, quiere vivir bajo dominio serbio. Ni musulmanes ni croatas, en Bosnia y Hercegovina, han olvidado cómo les dominaron los serbios durante el reino de Yugoslavia, comportándose como señores en Sarajevo. Esto continuó después de la segunda guerra mundial. La mayoría de los puestos claves en Sarajevo siguieron ocupados por serbios -al principio, todos- y la mayoría de la gente enviada a instituciones federales de Belgrado por Bosnia y Hercegovina eran también serbios. Incluso hasta en el idioma oficial se manifestaba la presión dominadora serbia.

Cuando en los años ochenta los musulmanes bosníacos ganaron autoconciencia y comenzaron a defenderse, Serbia envió su policía secreta a Bosnia para que, con montajes inventados, echara de sus puestos oficiales a los políticos musulmanes que no eran agradables a Belgrado. Hoy Serbia intenta dividir a los musulmanes bosníacos. El cabecilla de un pequeño partido musulmán se muestra receptivo a los avances serbios.

Cuando hace poco el presidente serbio Milosevic invitó a Belgrado a los políticos dirigentes de Montenegro y Bosnia-Hercegovina a una conferencia sobre el futuro de Yugoslavia, de Sarajevo fue sólo el presidente en funciones del parlamento, un serbio. El presidente de la república, Izetbegovic, jefe del partido mayoritario entre los musulmanes, rechazó la invitación, porque el encuentro debía servir para la formación de un entramado estatal panserbio.

En una Yugoslavia sin Croacia y Eslovenia musulmanes y croatas caen en Bosnia cada vez más bajo la presión serbia, mayor incluso que aquella a la que ya estaban sometidos. Por eso Izetbegovic ha intentado seguir manteniendo durante algún tiempo en vida a Yugoslavia como un estado federal reformado o como una federación de estados. Los acontecimientos de este verano le han hecho ver claramente lo peligroso que puede ser cualquier permanencia en una formación yugoslava, por muy liviana que sea.

Las perspectivas para Bosnia y Hercegovina no son muy diferentes que las de Croacia: puesto que alberga un grupo étnico serbio, debe contar con la violencia organizada de los serbios de su propia república, tanto como con la de Serbia, y con la violencia militar del Ejército Popular Yugoslavo. Sólo estará segura frente a tales golpes si se somete a la voluntad serbia o si es reconocida y protegida por el mundo como estado independiente.

Si Bosnia y Hercegovina se resite a la voluntad de dominación serbia, se arriesga a terminar dividida. En Serbia parece haber una fuerte inclinación a anexionarse los territorios de asentamiento serbio en Bosnia y Hercegovina, especialmente la Hercegovina del este y la Krajina bosníaca, que son fronterizas con la Krajina croata, tomada por los chetniks y el Ejército Popular. Entonces, los musulmanes y los croatas en la república de Bosnia y Hercegovina podrían elegir entre permanecer juntos o separarse. Los croatas viven sobre todo en la Hercegovina occidental, en la parte bosníaca de Posavina (junto al río Sava), y en el territorio alrededor de la ciudad de Travnik. Si las regiones croatas en la república de Bosnia y Hercegovina se unieran a Croacia sólo quedaría de Bosnia y Hercegovina la Bosnia interior musulmana.

La separación sería difícil de realizar y prácticamente no podría hacerse sin violencia. La mayoría de los habitantes de Bosnia ven en esta posibilidad un gran mal. Los políticos dirigentes de los musulmanes en Bosnia y Hercegovina intentarán impedirlo, en caso de necesidad, con concesiones propias a Serbia. Sin embargo, no estarán dispuestos a someterse a la voluntad de Belgrado. Si se llegara a la división de Bosnia y Hercegovina, probablemente la parte musulmana buscaría estrechas relaciones a través de tratados con la república de Croacia.

19 de agosto de 1991.

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