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¿Por qué ha sido elegido papa Ratzinger (Benedicto XVI)?
Enviado el Miércoles, 20 abril a las 12:55:14 por centroeuropa
Karl Birkenseer entrevistó en Passauer Neue Presse (15-4-2005) a Peter Seewald, conocedor íntimo del cardenal Joseph Ratzinger, y convencido de que el cardenal bávaro llevaría a su culminación el pontificado de Juan Pablo II.
Usted ha publicado dos libros-entrevistas con el cardenal Ratzinger. ¿Cree que el cónclave lo elegirá papa?
Quienes eligen al papa son hombres, pero en el cónclave no se hace política. La fe católica asegura que el Espíritu Santo tiene algo que decir allí. Pero yo veo aquí una interesante constelación que quizá sea un signo. El 19 de abril celebra la Iglesia la memoria de León IX, el más conocido papa alemán, que gobernó de 1049 a 1054. Y el jueves 21 se celebra al hermano Konrad de Parzham, una localidad no muy lejana del lugar de nacimiento de Ratzinger, Marktl am Inn, ambos en la diócesis de Passau...
¿No le cabe duda de que el próximo papa será bávaro?
En todo caso la idea me encaja. La situación de la Iglesia no exige grandes novedades. El pontificado de Juan Pablo II fue muy rico. Al menos uno o dos papas más tendrán que ocuparse en poner en práctica los numerosos impulsos de este pontificado y en hacer que den frutos. Con Karol Wojtyła comenzó una nueva era de la fe. Por otra parte, no se puede ignorar que la Iglesia en las últimas décadas ha fracasado en todos los puntos importantes para el futuro: piense en la protección de los embriones, la manipulación genética, la eutanasia, la protección de la singularidad del matrimonio. También dentro de la Iglesia hay enormes déficits. Quizá podría hablarse incluso de un cisma dentro de la Iglesia, si miramos el inmenso alcance de la apostasía. De algunas comunidades podría uno preguntarse si son siquiera católicas. ¿Y qué papa se necesita en tales tiempos? ¿Uno blandengue y despistado, o uno que se mantiene firme, que recuerda lo serio de la vida, la responsabilidad ante los hombres y ante Dios, que vuelve a llevarnos hacia lo auténtico? Por lo demás, millones de personas se han manifestado en Roma —algo que nadie consideraba posible—, confirmando impresionantemente el curso actual. Eso no se lo puede saltar nadie.
¿No habría otros candidatos posibles para la continuidad?
Joseph Ratzinger conoce como pocos el pontificado de Juan Pablo II, y ha participado en él, de modo que podría llevarlo a su acabamiento como Juan Pablo III.
¿Sabe que a Ratzinger le llamaron “el cardenal blindado” (Panzerkardinal)?
Lo hizo la prensa inglesa, por resentimiento antialemán. Ratzinger es estricto, pero no sigue una “línea dura”. Yo pienso que su personalidad es una de las más desconocidas de nuestro tiempo. ¿Por qué? Pienso que a muchos les gusta usarlo como chivo expiatorio. Es un fenómeno psicológico. Todo lo que resulta molesto en la Iglesia, y por el mero hecho de ser incómodo, se echa sobre Ratzinger. Detrás de eso se esconde una cierta comodidad. Pero su biografía no da pie para tales juicios: por el contrario, está llena de luchas contra las ideologías y contra la cerrazón mental. Es significativo que siempre se haya puesto de parte de los débiles. “Dejar a la Iglesia en las aldeas” es su dogma.
¿Y qué significa eso para el futuro de la Iglesia universal?
El pensamiento de Ratzinger está muy influenciado por los padres de la Iglesia. Me resulta fácil pensar que con él como papa volvería un tiempo de los padres: no sólo de los padres de la Iglesia, sino también de los padres del Concilio Vaticano II, en el que tomó parte primero como consejero del cardenal Frings y luego como teólogo oficial del Concilio. Cuando éste terminó, la variedad del Concilio marchó en una dirección que nadie había previsto originalmente. También aquí Ratzinger podría en cierta medida llevar las cosas a su culminación. Es lo que, precisamente en palabras del Concilio, podría llamarse emplear “las medicinas de la misericordia”.
Muchos vaticanólogos están convencidos de que un alemán no tiene probabilidades de ser elegido papa...
Hace tiempo que en Italia no consideran a Ratzinger como un “alemán duro”. Cuanto más lo han desacreditado sus compatriotas —algo que podría llamarse enfermizo, como por auto odio, con una autocalumnia que se ha convertido en típica de los alemanes—, tanto más lo han hecho los italianos uno de los suyos, adoptándolo. Y no olvidemos que el cardenal es ciertamente alemán, pero de origen absolutamente bávaro, incluso un patriota bávaro. Todo lo prusiano le resulta extraño. Tiene un corazón bávaro y está totalmente integrado en la cultura occidental de su patria, con la liberalidad característica de Baviera.
¿No tiene su teología un carácter marcadamente conservador?
Existe una fuerte continuidad entre la teología y la vida de Ratzinger: en concreto, porque quiere encarnar la fe en nuestro tiempo. Muchos llaman a eso conservadurismo, pero en realidad él es progresista. Uno de sus profesores lo consideraba incluso un “auténtico peligro”. No se puede decir realmente que Ratzinger haya cambiado. Su libro “Introducción al cristianismo” es del año 1967, y ahí no encontramos un Ratzinger distinto al que hoy conocemos. Una de las citas que yo prefiero de él es: “la Iglesia necesita una revolución de fe. No puede mezclarse con el espíritu mundano. Tiene que desprenderse de sus propiedades para conservar su patrimonio”.
¿Así que con Ratzinger llegaría un “revolucionario” al trono papal?
El papa es el papa. No es ni reaccionario ni revolucionario. Juan Pablo II ha dejado claro que tales categorías no vienen a cuento aquí. Pero estoy convencido de que con Ratzinger se introducirá una mayor colegialidad en la dirección de la Iglesia. Tampoco en cuestiones de moral sexual es Ratzinger el apóstol-moralista que algunos ven en él. Esa dirección procedía más bien de Wojtiła. Ratzinger está a la altura de los tiempos, siempre lo estuvo y lo estará también como papa.
El sábado, Ratzinger cumplirá 78 años. Su estado de salud no tiene por qué ser excelente...
Tiene razón. A primera vista su falta de robustez es un defecto. Pero parece que Dios puede darle una fuerza distinta, independiente de su constitución física.
¿Quiere Ratzinger ser papa? ¿No lleva tiempo pidiendo la jubilación?
Hombre, él quería seguir escribiendo libros. Pero si llega a ser papa, se dará cuenta de que eso no va. Un ejemplo de ello es San Agustín, el gran maestro de Ratzinger: al final de su vida quería culminar una gran obra literaria, pero sus obligaciones como obispo se lo impidieron. Para el cardenal, la Providencia es una categoría que cuenta más que el encontrarse a gusto. Me parece que, si las cosas salen así, él estará dispuesto a emplear las fuerzas que le queden para llevar su cargo como el “burro de carga” de Dios. Hay una anécdota al respecto. En su escudo episcopal, junto a otros dos símbolos —un oso y una concha— aparece una cabeza de moro. El oso de San Corbiniano de Frisinga (patrón de Munich) simboliza la “bestia de carga de Dios”, la concha la peregrinación, y también la leyenda agustiniana sobre la imposibilidad de agotar con una concha la grandeza de Dios, ese inmenso océano de sabiduría. ¿Pero qué significa el moro, que desde hace más de mil años está en el escudo de los obispos de Frisinga? El misterio de esa figura se pierde en el olvido. Pero quizá sea posible descubrirlo ahora. Para mí, en todo caso, Ratzinger tiene algo de ese moro, en el sentido de la antigua canción infantil: “¿quién teme al hombre negro?” Ese miedo hacia el otro, del que parecen llenarse algunos al oír el nombre de Ratzinger, es sorprendente. Pues aquí el moro aún no ha cometido su culpa (referencia al moro de Venecia, Otello, nota del traductor). Por lo demás, el moro del escudo episcopal lleva una corona con tres puntas...